Descripción
Basado en el género de «recordar lo que se ha leído», Horacio González inquiere por la suerte de los libros celebratorios del Centenario -1910-, y escribe el suyo, preguntándose por aquellos temas que se han mantenido vigentes a través de nuestra historia. Tal como queda establecido en el prólogo, «cuando una máquina extraña cruza lo que admitimos como familiar y propio, siempre podremos tener la suerte de percibir más de lo que nos correspondía».
Basado en el género de «recordar lo que se ha leído», Horacio González inquiere por la suerte de los libros celebratorios del Centenario -1910-, y escribe el suyo, preguntándose por algunos temas que flotan en las conversaciones habituales: ¿cómo recordar las recientes militancias?, ¿hay una secreta noción de decadencia nacional?, ¿la actividad de lector está en peligro?, ¿tienen sentido las autobiografías? Precisamente, al comentar algunas de ellas, el autor de este libro dirige su interés hacia el modo en que las oscuras astillas brotan de la memoria personal, autobiográfica, cuando se perciben nuevamente las rendijas abiertas de la historia. Se examinan escritos de Lugones, Rojas, Halperín Donghi, Sebreli, Viñas, Rozitchner, Saer, Piglia, pensando en cómo la figura del militante o del profesor fue recogida en ellos. Mientras tanto, el mitológico acorazado Potemkin navega por las aguas de estos escritos, dejando la estela de su silueta severa: quizás reclama que toda interpretación acepte recoger, de los lugares más inesperados, los pedazos en que pudo lacerarse una pasión política.
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